Julio Cortázar es considerado uno de los máximos exponentes del boom de la literatura latinoamericana de mediados del siglo XX. La característica principal de su estrategia narrativa es la confusión de elementos fantásticos en situaciones aparentemente cotidianas, y la manera en la cual sus personajes aceptan estos elementos extraños como parte integrante de su realidad. En el relato “Circe” lo mítico, como símbolo fantástico, domina toda la estructura del texto, desde el título hasta la psicología de los personajes.
En la mitología griega Circe, hija de Helios, fue una poderosa hechicera que era capaz de transformar a los hombres en bestias y destruir a sus enemigos con brebajes venenosos. Los juegos de palabras, las ambigüedades y las alegorías bestiales son el motif de este relato de Cortázar; son los elementos que generan una dualidad característica en los relatos del autor. De esta manera, Delia Mañara, el personaje principal, invoca mediante su nombre anagramático a una especie de insecto arácnido –una viuda negra- que luego de cortejar a sus pretendientes los acaba matando, tal como lo hiciera la legendaria diosa griega.
Los licores y los bombones, “alquimia[s] minuciosa[s]” que oficiaba Delia como pasatiempos, evocan de alguna manera aquellas comidas narcóticas que la mítica bruja traicionera alistaba para convertir a sus enemigos en bestias. La consumación del relato de Cortázar, la masa blanquecina de la cucaracha entre la menta y el mazapán, estructura ese instante en el cual Mario se transforma de ser un hombre gentil y pacífico a ser una bestia involuntaria que es capaz de cometer homicidio.
En “Circe”, la multiplicidad de elementos y signos fantásticos, movidos por la antigua mitología, se fusionan caóticamente con la realidad, hilando como una telaraña la historia fatídica de los personajes que poco a poco van perdiendo el sentido de lo real y lo fantástico.
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